Enrique Navarrete me fue a buscar al hotel en la capital de Neuquén para llevarme a las termas de Copahue. Tras dejar la autopista en Arroyito nos internamos por una larga recta. De golpe aparecieron unos pájaros metálicos, que parecían enormes cigüeñas picoteando intensamente el piso: eran los balancines o bombas petroleras.
“Aca estamos andando sobre el petróleo”, me dijo Enrique. Tal cual. Los nombres de las poblaciones que íbamos tocando están ligados a la historia y el presente del oro negro: Challaco, Plaza Huincul, Cutral-Có…
En unos kilómetros, pasando Las Lajas, la hermosa meseta deja paso a las primeras montañas, la sequedad a los ríos, el marrón a los verdes. El que no cambia es el cielo: sol firme, sin una nube, celeste perfecto.
Curvas, subidas, bajadas, valles, paisajes, mil paisajes. No alcanzan los ojos. Un lago de increíble color turquesa asoma a la derecha: se llama Caviahue y, al rato, una pequeña ciudad descansa a sus orillas. Tiene el mismo nombre. También se termina el asfalto, pero hay máquinas viales construyendo los cerca de 20 kilómetros que faltan hasta Copahue.
Además cambia el subsuelo: en lugar de brotar petróleo empiezan a aparecer fumarolas de agua sulfurosa. Nunca las había visto. Vapor desde las entrañas. El mismo vapor que los nativos ya habían descubierto y que, a mitad de la década de 1960, la provincia de Neuquén transformó en atractivo turístico.
Una curva más y aparece el complejo termal Copahue, formado por piletas y salas, al aire libre y cubiertas, aprovechadas por visitantes de todo el mundo, dadas las propiedades terapéuticas de las aguas y fangos para aliviar afecciones reumáticas, dermatológicas, respiratorias y digestivas, entre otras. El corazón de la tierra sigue mandando.

El complejo cuenta con el asesoramiento personalizado de profesionales médicos especializados. Es obligatorio llenar una ficha médica. Solo por citar un ejemplo hay que separar, por un mínimo de tres horas, cada tratamiento o inmersión que se realice. En Copahue te cuidan.
Debido a las condiciones climáticas extremas del invierno, Copahue está abierto desde diciembre hasta fines de abril, aunque ya se ha implementado un interesante programa de aventura para ingresar por medio de vehículos con oruga en pleno invierno, donde las agua siguen cálidas, pero rodeadas de un increíble paisaje nevado.
Eso sí, saquemos una falsa idea: Copahue no es solo para personas con problemas de salud. Miles de turistas concurren para aprovechar aguas y barro para la estética. Incluso, beber el agua es provechoso para el cuerpo. Además, en la zona se puede cabalgar, caminar, pescar. Hay unos circuitos muy interesantes para ver a Chile, detrás del volcán Copahue que nos cobija. Ya iremos en la próxima visita.
Ahora, estamos en las termas, disfrutamos, nos atienden muy bien en el hotel del complejo, con una cena riquísima y un cuarto confortable, calefaccionado también desde las entrañas de Gea.
La gente camina con la bata puesta. Se da un buen baño restaurador, se nebuliza con las aguas madres, se unta en barro, toma un mate, todo a dos mil metros de altura y vaporizado por la naturaleza.
Copahue es paz, es belleza, es cordialidad, es para niño y para grandes, es para aventureros y para
tranquilos. Copahue es salud y vida.
Más datos:
En redes sociales: @termasdeneuquen
Agradecemos el acompañamiento de NeuquénTur y el Ente Provincial de Termas del Neuquén
Podés ver mi nota completa en revista Weekend de marzo 2026